Una nueva esperanza – Patxi López en Entrevías

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Llego tarde. Aparcar es toda una odisea en este barrio de casas bajas, que recuerdan su origen como pueblo, anexionado ya en los lejanos años 50 a Madrid. Tras veinte minutos dando vueltas, encuentro una plaza libre no muy lejos de la Agrupación Socialista de Entrevías. Miro el reloj. “Las ocho menos veinticinco”. Voy a llegar tarde, pero no estoy especialmente preocupado. “Los mítines siempre empiezan, al menos, media hora más tarde de lo previsto”, me recuerdo mentalmente.

Pero hoy no es el caso. Llego y me encuentro el local de la Agrupación, un pequeño recinto con poco más que un estrecho pasillo de entrada y un salón multiusos, rebosante de personas, casi todos vecinos del barrio. La gente se saluda desde la entrada con familiaridad; miradas limpias, llenas de la complicidad que da la convivencia diaria entre tus semejantes. No hay melodías de fondo, ni medios de comunicación. No cabrían.

Imposible soñar con un asiento libre. Unas cincuenta sillas ocupan casi todo el espacio posible, dejando apenas un hueco de un par de metros entre ellas y el orador. Junto a la puerta de entrada al recinto permanece una treintena de personas de pie. Avanzo buscando un hueco junto a las paredes, pero me hacen unas señas desde el fondo indicándome que hay un hueco, “entre bambalinas”. Un tanto avergonzado, paso justo al lado de Patxi López, que ya ha comenzado su intervención.

Él ya está “metido en harina”. No hace un mitin al uso: hace una reflexión de unos veinte minutos y cede la palabra a un auditorio de aquellos que le recuerdan a su pasado en Vizcaya: obreros y trabajadoras, amas de casa y jubilados. Recibe el primer chaparrón: palabras sencillas de un auditorio honrado, no muy versado en circunloquios. De los de “al pan, pan, y al vino, vino”. Son palabras llenas de amargura, casi de derrota. De gente que se enfrenta a su familia intentando defender a un Partido Socialista del que aún se sienten parte, pero del que no pueden defender una política que parece reír las gracias de un gobierno de derechas.

Pero Patxi en estas lides se crece. Se levanta para dar respuesta a las interpelaciones recibidas. Rechaza el micrófono y eleva su tono de voz. Se quita la chaqueta y se arremanga. Y empieza a hablar con pedagogía, sí, pero con firmeza.

Comienza reconociendo los errores del pasado de nuestro partido. Y los actuales. Pero apelando el espíritu combativo del que hicieron gala todos los presentes a lo largo de su vida. Una vida en la que no les regalaron nada y todo lo que tienen lo obtuvieron luchando por lo que era de justicia.

Uno de ellos le solicita que desmienta su carácter de “liebre” de Susana Díaz. Lo hace al instante, con seguridad, antes aun de que la sugerencia se pudiera transformar en reproche:

Ni soy liebre de nadie, ni voy a abandonar esta carrera”.

Habla en clave nítidamente de izquierdas. Una clave en la que se reconocen todos los presentes. Habla de “recuperar lo nuestro”, “lo que está a la izquierda”. Con un proyecto exigente a la par que esperanzador. “Ocupemos nuestro espacio“, dice. Y buscando el “para qué” antes que el “con quién”. Y refuerza: “hay que anteponer el programa a las personas“. Habla de proyectos, de nuevos desafíos, de cosas por las que merece la pena movilizarse y luchar.

No voy a hacer absolutamente nada que suponga ahondar la división entre los socialistas“, proclama. Y lo dice con un apasionamiento que es acompañado de un coro de aplausos y asentimientos de cabeza de esos militantes que le escuchan en respetuoso silencio. Si alguien esperaba palabras contra algún compañero (o compañera) es que no conoce a Patxi…

Es la hora de la política. De una política que debe gobernar la economía, y no al revés“. Debemos de pasar del “es la economía, estúpido” –la famosa frase de Clinton– al “es la política lo realmente importante ahora”. Y lo explica, haciendo un repaso de las bases del contrato social, y de como el neoliberalismo ha traicionado sus principios, pero sin citar a economistas ni grandes teóricos. Habla, eso sí, de las subidas del recibo de la luz y de la carta donde se nos recuerda la exigua subida de las pensiones. Alguna voz se levanta para refrendar sus palabras, mientras el resto de compañeros pide que se restablezca el silencio.

Quiero construir un continente diferente, no refugiarme en una isla“, recuerda, atacando los nacionalismos y recordando la importancia de las políticas europeas como base del desarrollo.

Y proclama:

Es el momento de dar todo a nuestro partido, por lo mucho que ha hecho por nosotros. Es nuestra obligación. Y un socialista nunca se rinde ni reniega de sus obligaciones“, remacha.

Se sienta para dar paso a otras palabras, mientras un auditorio entregado refrenda sus palabras con un aplauso unánime.

Uno de los presentes recuerda en su reflexión la labor del padre Ángel, un héroe histórico del barrio, y su labor al frente de la asociación “Mensajeros de la Paz”. Patxi, que lo conoce bien, nos sorprende a algunos hablando de lugares comunes. Sonríe mientras afirma:

 “Las Casas del Pueblo deben estar abiertas no sólo para que entren las gentes desde el exterior, sino para que salgamos abriéndonos hacia la sociedad. Yo no quiero estar sólo para protestar. Quiero estar para solucionar. Y quiero que podamos solucionar a través del BOE”.

Y cita al compañero Ramón Rubial “porque es desde el gobierno desde donde realmente se puede transformar la sociedad”.

Va terminando el acto sin haber rehuido una sola pregunta. Habla con cariño de su equipo. Dedica un especial reconocimiento a la labor de Rafa Simancas (perdónenme Uds. la familiaridad, nos conocemos desde hace mas de 30 años) en el parlamento, uno de los diputados más brillantes en la defensa de los desfavorecidos. Un tanto abrumado, sonríe mientras le escucha en silencio, sentado en una silla tras él.

Ante una interrogación directa de una militante sobre la necesidad de “controlar (las declaraciones de los compañeros en) las redes sociales”, subraya lo evidente: “las declaraciones en las redes sociales no deben ser objeto de control, porque las redes son incontrolables”. Y destaca, por el contrario, su lado positivo en la exposición y transmisión de las ideas. Pide respeto para las opiniones, a la par que exige eludir los odios cainitas que en ellas se vierten y que tanto nos separan entre nosotros. Y a las palabras de aquellos otros que emponzoñan las redes sociales hablando de “izquierdistas antiguos”, responde:

no hay nada más antiguo que la gente con privaciones, ni hay nada más moderno que un Partido Socialista que combata eso, buscando alianzas con todos los que luchan contra ellas. Como el padre Ángel.

Cuando alguien dice que debería compartir con otro servicio de caridad las ayudas que recibe, le replica: “no caigamos en la trampa de la derecha; ambos necesitan recursos”. Y sentencia: no equivoquemos quien es el enemigo.

Y reconozco que las dudas que aún pudiera tener, se disipan: este es el Secretario General que ahora necesita mi Partido.

@jachico

 

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s