Los últimos instantes (seguro que no fue así)

Estaba cansado, muy cansado.
Un tenue olor a mantel quemado flotaba en el ambiente. Su mano, temblorosa y tiznada de restos de ceniza, acertó a dejar con cuidado sus viejas gafas en la mesilla que reposaba junto al cabecero de la cama. A través de los cristales aun pudo acertar a releer el gran titular que abría la portada del periódico. Mientras sentía como ese dulce sopor preludio de la siesta le inundaba, una tenue sonrisa se dibujó para siempre en sus labios…

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