Carta abierta a D. Jesús Gómez (2ª taza)

“Las primeras hogueras de libros se disponen en la Dársena de A Coruña, camino del Parrote, en el corazón público de la ciudad y frente al símbolo del poder civil. Es el 19 de agosto de 1936  y los libros arden, aunque arden mal. No son llamas de las que se alimentan con el júbilo de las gentes en las fiestas, ni piras como las que se elevan, con su halo místico, en las verbenas de San Juan. Es un fuego extraño, ajeno a la memoria, que pretende borrar de un plumazo siglos de reflexión y creación. La lumbre y el humo avanzan lentamente, completando con inmundicia su labor destructiva frente a la satisfacción de unos y el desencanto de otros, reflejando en sus llamas la vergüenza que el tiempo se encargará de retratar. Grupos de jóvenes vestidos con el uniforme de la Falange rodean las fogatas y pregonan cada título condenado y su procedencia como si fuera el estímulo necesario para inyectar vida a las llamas…”

Manuel Rivas
“Los libros arden mal”

Estimado Sr. D. Jesús:

Le escuece. Reconózcalo: le escuece. Le escuece mi presencia en los plenos. Nunca me paré a pensar que lo que pudiera opinar un ciudadano más mereciera unas líneas de todo un jefe de la oposición municipal, pero el hecho de saberlo, sin duda, me reconforta y me anima a perseverar en emplear mi Libertad de Expresión. Cual nuevo falangista se apresta a reducir a cenizas todo aquello que le molesta, y ahora parece que le molesto yo.

Ahora bien, no se escude en retorcidos argumentos: le escuece porque ha visto como en pocos días ha pasado a ser, de flamante látigo de la oposición a hazmerreír de youtube. No creo que yo halla tenido mucho mérito: al césar lo que es del césar, y mal estaría que me atribuyera yo parte en ello. Me limité a ser, como tantas otras veces, ciudadano con opinión y a opinar sobre lo que me parece, como es mi derecho. Ya sea en horario laboral o no, tengo todo el derecho del mundo a decir lo que pienso y a decirlo sin cortapisa alguna. No creo que mis comentarios, mas allá de lo acertado o no de los mismos, puedan herir a nadie y si es así lo siento, pero se hallan muy lejos de esa línea que marca lo punible y que limita la libertad de expresión. Ahora, permítame la inmodestia, voy a aclararle algunas cosas:

En primer lugar, la emisión de juicios de valor corresponde al mismo hecho de comunicarse: cada vez que Ud. pronuncia unas palabras, emite juicios de valor sobre esto y aquello. Y no me quejo al respecto de que Ud. pueda hacerlo, pese a que sus juicios de valor sean en muchas ocasiones, prueba de su fascismo militante. No me lo invento: le invito públicamente a que desmienta que alguna de estas afirmaciones es suya:

“La idea de que la actividad humana ha influido significativamente en el calentamiento de la Tierra —ahora ya lo llaman cambio climático, como si fuera un hecho corroboradoes un síntoma de ese proceso de envenenamiento y politización al que los ecologistas han sometido a la Ciencia.(…)”

“(…) en el mejor de los casos, la solidaridad no puede ser jamás un valor universal, como lo son la libertad y la propiedad (en el fondo son la misma cosa), el respeto a la vida o el cumplimiento de los contratos; ya que la solidaridad, más que contribuir a la estabilidad y progreso del orden social, contribuye a su desestabilización y destrucción.”

“(…) Si la igualdad jurídica es el elemento vital de la democracia, es también su escollo. Fomenta, en efecto, aquel fanatismo y envidia que quiere que los hombres sean tratados por igual en todas las esferas de la vida y rechaza como antidemocráticas las diferencias que se apoyan en una más elevada formación, educación, cultura, inteligencia, tradición, etc.”

Si estas afirmaciones no lo elevan a fascista, Ud. nos ha regalado con otras muchas en su quehacer diario. Sea pues consecuente: reconozca su condición y exhíbala con orgullo, cual Berlusconi a la española.

En segundo lugar el hecho de ser asesor no me descalifica para tener opinión propia y transmitirla donde, como y cuando me venga en gana. Y al pleno asisto simplemente como otro mas de entre el público, justo al lado de aquellos que, siendo de su propio partido, le jalean y convierten en bronca todo lo que les parece mal, lanzando a diestro y siniestro insultos sobre los concejales cuando les viene en gana (abusando por otro lado de la paciencia de todos aquellos que, por respeto, guardamos escrupuloso silencio frente a todas las intervenciones, vengan de donde vengan).

En tercer lugar, Ud. me atribuye algo incierto: no descalificaba en un blog a la oposición (aunque de hecho podía estarlo haciendo y, que diablos, me proporciona muchos argumentos para comenzar tales menesteres) sino que utilizaba una herramienta denominada Twitter que, a modo de emisor de mensajes cortos, utilizamos algunos ciudadanos para comunicarnos entre nosotros y contarnos lo que nos viene en gana. Dicha herramienta permite decidir a quien escuchamos y a quien no. Se trata pues de un canal de comunicación abierto sólo a quien quiere; nada pues que obligue a escuchar a quien no lo desee. Esta herramienta, en mi caso, funciona igualmente publicando en Facebook, una red social abierta, una copia de dichos contenidos.  Contenidos que igualmente ven aquellos que han solicitado expresamente ser considerados “amigos míos” y que reciben voluntariamente todos mis mensajes emitidos, al igual que yo leo los suyos. Me halaga pues que a Ud. le resulten de interés mis comentarios, ya que en caso contrario nunca los hubiera leído…

Por último, me parece mentira que Ud. me eche en cara que hago los comentarios con una foto donde figura el escudo del Ayuntamiento. No es así exactamente, pero no estoy dispuesto a darle más clases gratis de informática. En mi perfil de Twitter, sí puede verse una foto mía, pero en ella aparece el escudo de Leganés con algún retoque artístico; de hecho no corresponde al del Ayuntamiento, aunque se le parezca, y en ningún sitio pone “Ayuntamiento…”. No obstante, desde aquí aclaro: mis opiniones son mías y no necesariamente compartidas por alguien más. A todo esto… ¿no eran Ustedes los que presumían y presumen de bandera de España en su balcón? Siempre dijeron de si mismos que, orgullosos de su condición patria, exhibían la enseña nacional sin vergüenza alguna… ¿Qué pasa, que Uds. pueden presumir de españoles y yo no puedo presumir de mi ciudad???

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Un pensamiento en “Carta abierta a D. Jesús Gómez (2ª taza)

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